El fútbol se estanca, se iguala por abajo. Cada vez menos fútbol, cada vez menos espectáculo sobre el césped y más centrado en el narrador. Comentaristas que intentan ponerle emoción a lo que estás viendo y cuesta creer que la tenga. Cada vez se habla más y se juega menos; cada vez más excusas y menos propuestas; cada vez más tecnología, con las mismas y viejas mentiras de siempre. Demasiada información y poco “disco duro”.

Mucho UEFA-PRO, escaso conocimiento del medio y menos iniciativa e innovación por parte del entrenador que debería poseer la capacidad y los recursos necesarios para hacerlo. Ahora parece que todo gira en torno al preparador físico. Le ha pisado el terreno al entrenador o, mejor dicho, se lo ha dejado pisar bien por comodidad o por incompetencia.

El talento de los futbolistas casi siempre por encima del de su entrenador, por contra, el sistema por delante del jugador. Yo juego así, yo hago esto, yo juego como… yo, yo, yo. Tú, seguramente copias sin saber para qué vale lo que copias y si una copia no es un original, la copia de la copia es un fraude. ¿Entonces el entrenador es un fraude? No, desde luego que no, aunque la cantidad suele estar reñida con la calidad. Como en cualquier otro ámbito profesional aquí también abunda la mediocridad.

Cada uno con su estilo, aunque camuflado por el populismo y su capacidad para acumular seguidores hablando del partido o del entrenamiento sin hablar de fútbol. Y si no pueden hablar de fútbol cinco minutos, en toda la temporada, en ese caso, debemos entender que no saben de fútbol. No es que quieran esconder sus secretos, es que no los tienen.

También están los prácticos, los que conocen perfectamente que enfrente tiene un rival dirigido por un mediocre y saben que les pueden ganar los partidos haciendo lo justo para que el equipo contrario no desarrolle su juego. Otro estilo de fútbol, para algunos equivocado, pero que les da resultado y con la mitad de tonterías y menos palabrerías, consiguen que su equipo gane partidos. Algunos tienen la osadía de criticar esta forma o estilo de juego de su rival, aunque les haya ganado en el campo con total claridad.

Se echa en falta el sentido crítico y un análisis objetivo de lo que hace su equipo, de lo que le falta y puede dar; desde un punto de vista técnico y teórico-práctico. Supongo que es pedir demasiado.

Un buen entrenador se distingue por su capacidad para mejorar a los jugadores que entrena y aumentar el nivel competitivo del equipo que dirige. Si dispones de una plantilla de nivel 5 sobre 10 y terminas con el mismo nivel o menor, algo no funciona. Si el equipo finaliza la temporada con los mismos defectos con los que comenzó podría ser que no se haya entrenado en la dirección correcta. Me refiero a los entrenadores profesionales, los mismos que no saben entrenar sin 20 ayudantes, 25 jugadores, dos balones por jugador, dos campos reglamentarios y en perfectas condiciones, etc.

Generalmente estos no entrenan, exigen a los jugadores que sean buenos técnica y tácticamente pero no les enseñan nada. En lugar de adiestrarles para mejorar su cualidad estrella y corregir sus carencias, optan por no convocarlos o tenerlos en el banquillo; ese es su método. No entienden que un futbolista siempre está en formación y necesita de su ayuda; si es joven con mucho más motivo necesita de su entrenador para progresar y no para anularlo mental y futbolísticamente. Esto es más habitual de lo que mucha gente piensa. La culpa no siempre es del futbolista.

Por ese motivo quieren tener una plantilla amplia, si les dejaran tendrían 50 fichas en lugar de 25 que ya son muchos; quieren tener 4 delanteros y luego juegan con uno y lo matan a correr detrás del balón para que se desgaste y, si llega asfixiado al remate y falla lo cambian, eso sí que no falla.

Hoy día hay mucho titulado entrenador. Sin embargo, buena parte ellos son como los tomates; ya no saben a tomate. No entrenan, entretienen. Entretienen a los jugadores, a la prensa, a los utilleros, a los aficionados y al terminar el entretenimiento o el partido, montan el show con lo que ganan adeptos y contratos. Da la impresión que dedican más tiempo a preparar las apariciones en los medios de comunicación que a pensar cómo sacarle rendimiento a su equipo ¡De innovar ya no hablamos! Mucho miedo a equivocarse.

“Si no estás preparado para equivocarte, nunca harás nada original”.

A ver cuantos entrenadores se escuchan hablando de fútbol en las ruedas de prensa. A muy pocos y en contadas ocasiones ¿Por qué contestan a preguntas vacías con respuestas sin contenido? Porque quieren contentar a todos. Quieren mantener el puesto por encima de todo: ellos ganan, el fútbol pierde.

Alberto Esparís
Técnico de Fútbol Profesional.

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