
Es que… es que… ¡Excusas!
En el campo es muy fácil confundirse; el verde esperanza no siempre es la salida ¿Por qué un jugador que destaca en un equipo determinado, se va a otro y no rinde o lo hace por debajo de lo esperado?
El acierto en la contratación de futbolistas depende de innumerables factores. En primer lugar, debemos entender que, ante todo, está la persona y después el futbolista. Estas dos facetas van permanentemente unidas, no se pueden disociar, pero casi siempre lo personal queda en un segundo plano cuando creo que debería ser al revés.
Lo bonito es verlos en el campo, aunque si no tenemos el ojo entrenado, el talento necesario y un método que nos ayude difícilmente detectaremos al “tapado”. Para descubrir al mejor no hace falta ser técnico.
Lo más probable es que se haya visto el jugador como una unidad y no como un eslabón de la cadena. El futbolista forma parte de un equipo y si no tenemos en cuenta su rol y su entorno en ese equipo, nos van a faltar datos para una valoración concluyente. En los deportes de equipo el rendimiento individual, para bien o para mal, está siempre influenciado por el de sus compañeros. Si pasamos por alto este detalle nos estaremos equivocando.
¿Cómo podemos entonces limitar el margen de error? Difícil de explicar.
Lo complejo no es detectar al jugador en cuestión. Lo realmente complicado es intuir y acertar en el encaje de dicho jugador en nuestro equipo. Esa es la clave. Y, como casi siempre, las claves son difíciles de descifrar, no se aprende de un día para otro. Se necesitan muchas horas de vuelo y talento. Es decir, experiencia, capacidad de análisis, conocimiento, decisión…
Pongamos como ejemplo un trabajador de una empresa al uso. Ese trabajador ejerce su actividad en un despacho amplio, con ventilación y luz natural, equipado con la última tecnología y en un ambiente de cordialidad.Si tiene capacidad, su rendimiento debería ser optimo y tendrá una valoración alta dentro de la organización empresarial. Sin embargo, ese mismo trabajador, si se le modifican las condiciones de trabajo, simplemente enviándolo a un despacho de dimensiones más reducidas, con luz artificial, aire viciado, equipo de trabajo de menor calidad; su productividad, en condiciones diferentes es de suponer que no será la misma. Aun siendo la misma persona con las mismas capacidades, su rendimiento se va a ver afectado por esos cambios en su entorno de trabajo. A primera vista pueden parecer cambios insignificantes, pero dependiendo de su capacidad de adaptación su rendimiento se verá afectado y, como consecuencia su productividad.
Si esto lo trasladamos al campo de fútbol es fácil de entender que el jugador que cambia de equipo, cambie de condiciones de trabajo y, dependiendo de su personalidad, lo puede hacer para mejor o para peor, indistintamente de la categoría del equipo en el que va a desarrollar su actividad. Dependiendo de sus características futbolísticas y del control emocional, se va a adaptar en mayor o menor medida, aunque cabe la posibilidad que no se adapte nunca. ¿Entonces siempre es una lotería fichar a alguien? Pues en las condiciones que fichan la mayoría de los actuales directores deportivos, es jugar a la ruleta rusa. Eso no significa que tenga que ser así. No, de ninguna manera.
Se puede afirmar, sin duda, que esta es una especialidad de alto riesgo dentro de la organización de la empresa fútbol. Detrás de cada decisión se esconde el éxito o el fracaso de toda una temporada y no solo en el ámbito deportivo. Estaría bien que los presidentes y responsables del área deportiva le concedieran la importancia que realmente tiene contratar o deshacerse de un jugador. En ambos casos,la repercusión para el club puede ser idéntica.
Esta especialidad es para expertos, y en este terreno hay mucho aprendiz. En el mundo del fútbol se tiende a confundir casi todo y, este caso no iba a ser una excepción. Con excesiva frecuencia, se le atribuye la categoría de experto a la persona o técnico que lleva tiempo en un cargo o en el club. Nada más lejos de la realidad. La experiencia no es el equivalente al tiempo (años) que se ha estado desarrollando una actividad determinada,sino el conocimiento adquirido a través de las vivencias en ese espacio de tiempo y en esa actividad concreta.
Asimismo, considero imprescindible contar con un método, responder a un protocolo que nos permita seguir una línea de actuación favorable al perfeccionamiento de ese método y, reducir paulatinamente el margen de error a un límite asumible. Lo que no es admisible es que cada año se fichen 10 jugadores y se falle en 11. Esto es más habitual de lo que parece en algunos de los equipos del mundillo futbolístico, el reino de la mediocridad, y asumido con cierta naturalidad dentro de su entorno. Inexplicable, pero siempre hay una excusa para cada caso. Jamás una autocrítica.
En cualquier otro ámbito profesional esta cantidad de errores sistemáticos serían imposibles de defender y conducirían al responsable ejecutivo al despido inmediato. En realidad, nunca le permitirían llegar al nivel de errores que superase el rango establecido. El adocenamiento de los responsables y seguidores de este deporte, permite que el fallo, en la mayoría de los casos, sea aceptado con absoluta normalidad dándole sentido a la manida frase de: “es que el fútbol es así”.Probablemente no se hayan percatado de haber alcanzado su nivel de incompetencia y, lo que les convenga es que sea así, aunque no tenga por qué ser así. Y si el listón del nivel de incompetencia del responsable está muy bajo,queda todo dicho.
Se puede decir mas alto pero no mas claro.
Enhorabuena!!!